lunes, 18 de octubre de 2010

EL MAL AJENO***

Parte de la Selección Oficial en la pasada Berlinale, El Mal Ajeno dirigida por Oskar Santos, nos plantea la historia de un medico que vive sin mirar en la vida de sus pacientes, incluso su vida intima pasa a segundo plano.

El espíritu mesiánico y la labor que este debe desempeñar en el mundo, son la estructura que sostiene a esta película mediante personajes entrañables y cálidos, que adquieren dramatismo conforme la trama avanza.

Lo que no avanza es la creatividad narrativa y desde que ves las primeras yagas en la hija del protagonista, puedes adivinar hacia donde se dirige la trama y tal vez con más suerte pronostiques el final. Es una historia muy simple y que en cualquier momento se puede caer, sin embargo no sucede esto, por los denominados "males ajenos", ya que en la forma sorpresiva y agresiva en que intervienen en la trama, es lo que evita que la dejes de ver.

Aquí tenemos principalmente tres personajes de reparto: la esposa engañada, el medico residente y el enfermo mutilado del hospital. La mujer embarazada - que me recuerda al recurso de Almodóvar con Leonor Watling en Hable con ella-, es la vértebra del film, ya que un elemento casi nulo hasta la mitad de la película, se vuelve insólitamente en el cierre de todos los cabos sueltos, ante la desaparición definitiva del rol estelar.

Diego (interpretado por Eduardo Noriega) es un medico que milagrosamente no muere después de que una bala penetra su cuerpo y se aloja en su corazón; paralelamente a esto, sus pacientes comienzan a tener una acelerada mejoría y en algunos casos imposible, por lo que Diego inicia a desentrañar la vida de quien le disparó. La película en momentos nos remonta a Sexto Sentido por la cuestión del misterioso atentado.

Lo más rescatable de la película es la manera en que aborda la visión del profeta moderno -muy frecuente en los últimos años, especialmente en el cine europeo-, aquel que ya no es capaz de sacrificarse por la humanidad, sino que se aferra a su relativa individualidad. Sin embargo nuestro nuevo Mesías no se quedará con las manos cruzadas cuando su involuntario don interfiera con lo que más ama. En ese momento el bien propio esta de sobra.

También hace una critica a la frivolidad en algunas profesiones como la medicina, periodismo, etc., donde el profesionalismo lleva a anular toda sensibilidad al mal ajeno. Frases como: Un medico que solo sabe de medicina no es un buen médico, si no apreciamos la vida, jamás nos interesaremos por preservarla, nos muestra la necesidad de humanizar todos los ámbitos de la vida, al fin que la unión de los seres humanos es lo que sostiene a la sociedad.

El guión tiene sus defectos, que son muchos y en varias ocasiones las causas del poder misterioso del héroe, nos deja con demasiadas dudas que carecieron de explicación, como el porque se transfirió el don de la niña a su asesino si cuando la tocó ya estaba muerta o como es que la madre suicida esta tan segura que su hija no tendrá enfermedades. Sin embargo, el producto final es muy bueno, tomando en cuenta que muy pocas veces los países hispanoamericanos se meten a temas sobrenaturales y cuando lo hacen se juegan su reputación.

Tendré que confesar que cuando vi el nombre de Eduardo Noriega en el póster me dio una flojera ver la película -lo que me obligó a verla fue el "Alejandro Amenábar presenta", y eso el Amenábar de Tesis y Mar Adentro, porque de las demás ya ni hablamos-, pero la verdad me sorprendí al ver a un Eduardo Noriega más maduro actoralmente hablando; por fin no vemos al actor de comerciales.

Después de haber visto series como Grey´s Anatomy o Doctor House, donde los escritores recurren a salidas fáciles como visiones, locura (sin algún objetivo claro, más que tener a un publico cautivo) y los ya gastadísimos tumores cerebrales (tan populares que hasta Bones ya lo abordó), la visión española de Santos nos viene a refrescar un poco -y solo un poco- las pupilas.

lunes, 11 de octubre de 2010

WALLANDER *****

Hoy quiero hablar sobre uno de los más grandes aciertos de CONACULTA Canal 22, al traer la serie de la BBC, ganadora del BAFTA a mejor miniserie: WALLANDER. ¿De qué va esta serie? Es un detective que resuelve casos de homicidio, mientras su hija trata de darle vida a su padre. La trama, en apariencia, pronostica ser muy sencilla y los homicidios parecen estar no muy lejos a los de Juan José Campanella en Law & Order , CSI ó cualquier serie comercial; sin embargo atrás de esta miniserie hay una base literaria y no es más que la serie de 11 novelas de Henning Mankell.

Las novelas de Henning Mankell son reconocidas -al igual que otras novelas escritas muy al norte de Europa, donde el paisaje se vuelve gris y desolador- por describir de manera muy sutil y delicada los problemas de la sociedad nórdica y británica. La soledad, la corrupción, el envejecimiento de población -principalmente, que está presente en los tres casos con un pederasta, una adolescente que asesina a un taxista y la desaparición de tres adolescentes- y la violencia son representados en esta serie de forma natural y fluida, adaptando con honores la trama original.

Kenneth Branagh (uno de los grandes intérpretes de la obra de Shakespeare -para la pantalla comercial participó en Much Ado About Nothing al lado de la no menos grande Emma Thomson) interpreta a un desalineado detective que “detiene a los malos”; sin embargo Wallander (Branagh), no es convencional y hasta posee algo de bohemio, ya que su vida intima -reproches al padre, no tener vida sexual y una hija que insiste en que deje su adicción al trabajo-, se entrelaza con los homicidios y desapariciones de una forma inesperadamente personal, que cambia radicalmente su vida.

Además de que la fotografía es impactante, ya que el intenso azul -el vestuario del protagonista es siempre de este color y su diseño de arte nos remonta al periodo azul de Pablo Picasso - y los contrastes en amarillo -cultivo donde una mujer se prende en llamas frente a Wallander, dando inicio a la serie- estremecen al público y orillan a entregarse por completo a la serie que se encuentra repleta de detalles que esperan a ser descubiertos.

Kurt Wallander es un especie de nuevo Cid Campeador, que solo perderá su honor con la vejez y el cansancio que lo aqueja. El tercer y último episodio es el que más nos acerca a nuestro protagonista, ya que la muerte de Kalle, nos muestra el lado más sensible de Wallander, quien busca la expiación al tiempo perdido y que se le escapa con cautela. La posible muerte de su hija lo hará reflexionar sobre lo que verdaderamente es vivir. Además en este episodio, se aborda la muerte, mediante el sueño, e una manera sutil y poética, en una excelente escena donde Kurt se desploma en el piso de un hospital.

WALLANDER es tal vez de lo que la industria creadora de series esta carente, muy a prop ósito de la muerte de muchas series como Lost o Heroes, que marcaron un auge y que fueron condenadas al cadalso, al igual que otras que tienen el mismo camino -aunque duela Dr House, Greys Anatomy y Desesperate Housewifes-, cuyos argumentos ya no soportan el transcurso del tiempo, que ve cumplir ciclos que se repiten una y otra vez. La miniserie, tal vez sea la puerta que deben abrir las televisoras del mundo entero, para competir con las norteamericanas y tocar temáticas no habladas o desconocidas.

La miniserie es misteriosa, provocativa y extraña -nos aleja de la basura mediática norteamericana-, de ahí proviene la atracción que causa en el espectador, que se sorprende inevitablemente (a pesar de tener el placer de haber hojeado la novela) ante la inexplicable condición humana de sus personajes. WALLANDER es cruda e impredecible, digna de ser recordada por mucho tiempo…